La litiasis renal —las piedras en el riñón— es una de las patologías más recurrentes que veo en consulta. Y digo recurrentes en dos sentidos: porque vienen muchos pacientes con ese problema, y porque cuando alguien ha tenido una piedra, tiene una probabilidad muy alta de volver a tenerla si no hace nada.
Lo curioso es que la prevención de las piedras no es complicada, pero exige dos cosas que la medicina rápida no siempre ofrece: tiempo para estudiar a cada paciente y constancia para sostener los cambios. Voy a explicarte cómo funciona realmente.
Qué es una piedra en el riñón y por qué se forma
Una piedra renal es un agregado sólido de cristales que se forma en el aparato urinario porque hay demasiadas sustancias disueltas en la orina y poco líquido para mantenerlas en solución. Cuando la concentración supera cierto umbral, esos cristales se unen, crecen y acaban formando un cálculo que puede quedarse quieto durante meses o desprenderse y provocar un cólico nefrítico.
No todas las piedras son iguales. Las más frecuentes son las de oxalato cálcico (alrededor del 75%), seguidas de las de ácido úrico, las de fosfato cálcico, las infectivas (estruvita) y las raras de cistina. Cada tipo tiene causas distintas y, por tanto, una prevención distinta. Tratar a todos los pacientes con la misma recomendación es uno de los errores más habituales.
Factores que aumentan tu riesgo
- Beber poco: el factor más importante y el más fácil de corregir.
- Dieta alta en sal: el sodio arrastra calcio a la orina.
- Exceso de proteína animal: acidifica la orina y favorece el oxalato y el ácido úrico.
- Obesidad y síndrome metabólico: muy ligado al ácido úrico.
- Antecedentes familiares: hay un componente genético claro.
- Clima cálido y sudoración alta: en Canarias, un factor que muchas veces se olvida.
Síntomas: cómo reconocerlo (y cuándo ya es tarde para prevenir)
Muchas piedras no dan síntomas y se descubren por casualidad en una ecografía hecha por otro motivo. Otras dan molestias vagas: dolor lumbar sordo, sensación de pesadez, infecciones urinarias de repetición. Y otras avisan con todo: el cólico nefrítico, ese dolor que no puedes describir si no lo has vivido, con náuseas, sudor frío y una sensación de no encontrar postura.
Cuando aparece sangre en la orina —a veces visible, otras solo en el análisis— es otro signo frecuente que conviene estudiar. La hematuria por una piedra es benigna, pero la misma hematuria podría tener otras causas que no pueden ignorarse.
Lo importante: si ya has tenido un episodio, no esperes al segundo para hablar de prevención. El mejor momento para evitar la próxima piedra es justo después de la primera.
Diagnóstico: qué pruebas se hacen y para qué sirven
Cuando un paciente viene tras un cólico —o con una piedra detectada— no me limito a comprobar que el riñón está limpio. Hago dos cosas distintas: evaluar la situación actual y entender por qué su cuerpo fabrica piedras.
Estudio de imagen
Ecografía y, en casos seleccionados, un TAC de baja dosis. Sirven para confirmar si quedan piedras, dónde están y de qué tamaño. No nos dicen por qué se forman.
Estudio metabólico — la prueba que pocos hacen
Esto es lo que marca la diferencia. Consiste en:
- Analítica de sangre con función renal, calcio, ácido úrico, fósforo, PTH y vitamina D.
- Orina de 24 horas (idealmente dos muestras separadas) midiendo volumen, calcio, oxalato, citrato, ácido úrico, sodio y pH.
- Análisis de la piedra siempre que sea posible recuperarla. Saber su composición cambia por completo el tratamiento.
Este estudio te dice por qué tu cuerpo está formando piedras: si bebes poco, si comes demasiada sal, si tienes hipercalciuria, si te falta citrato (un protector natural), si tu pH urinario es bajo. Sin esos datos, cualquier recomendación dietética es un palo de ciego.
El detalle que muchos saltan: el estudio metabólico se hace cuando el paciente está fuera del episodio agudo y comiendo su dieta habitual. Hacerlo en ayuno estricto o con dieta especial falsea los resultados y no sirve para diseñar la prevención.
Tratamiento preventivo: lo que sí funciona
1. Hidratación: la medida más potente que existe
Si solo pudiera dar un consejo, sería este: orina 2 a 2,5 litros al día. Para conseguirlo, la mayoría de las personas necesitan beber entre 2,5 y 3 litros de líquido. En Canarias, con el calor y la humedad, ese umbral sube en verano.
La regla práctica: tu orina debe ser de color claro casi todo el día. Si sale amarillo intenso, vas corto. Reparte la ingesta a lo largo del día y bebe también por la noche si te levantas (la orina nocturna concentrada es donde se forman muchas piedras).
2. Sal: el enemigo silencioso
Reducir la sal a menos de 5 g al día (una cucharadita rasa). El sodio arrastra calcio a la orina y aumenta el riesgo de piedras de oxalato cálcico, incluso aunque no tengas el calcio sanguíneo alto. Esto incluye sal añadida y, sobre todo, alimentos procesados: embutidos, quesos curados, conservas, snacks, panes industriales.
3. Calcio dietético: ni quitar ni abusar
Aquí está uno de los mitos más peligrosos: que si tienes piedras de calcio, debes dejar los lácteos. Es exactamente al revés. El calcio de los alimentos se une al oxalato en el intestino y reduce su absorción. Retirar los lácteos aumenta el oxalato urinario y empeora el riesgo. Lo correcto son 2-3 raciones diarias de lácteos o equivalentes en las comidas.
Los suplementos de calcio sí pueden aumentar el riesgo si se toman fuera de las comidas. Eso se valora caso por caso.
4. Oxalato: moderar, no eliminar
Alimentos muy ricos en oxalato: espinacas, acelgas, remolacha, frutos secos, chocolate, té negro fuerte. No hay que eliminarlos; sí evitar atracones y consumirlos junto con calcio en la misma comida.
5. Proteína animal y purinas
Moderar el consumo de carne roja, vísceras, mariscos y embutidos, especialmente en personas con piedras de ácido úrico. La dieta tipo mediterránea —con pescado, legumbres, verdura, fruta y aceite de oliva— es la que mejor previene piedras en casi todos los perfiles.
6. Cítricos: tu aliado natural
El citrato es un inhibidor natural de la formación de piedras. Limón, naranja y pomelo aportan citrato. Un par de vasos al día de agua con zumo de medio limón es una recomendación sencilla con buena evidencia.
7. Tratamientos farmacológicos
En pacientes con litiasis recurrente o factores metabólicos claros, hay fármacos muy eficaces: tiazidas para la hipercalciuria, citrato potásico para la hipocitraturia o pH bajo, alopurinol para el ácido úrico. No son para todo el mundo, pero en quien los necesita reducen muchísimo la recurrencia.
Lo que observo en consulta
Veo dos perfiles muy frecuentes en Las Palmas. El primero: hombre de 40-55 años, profesional activo, que tras su primer cólico se obsesiona durante un mes —compra agua mineral cara, retira los lácteos, deja la carne— y a los tres meses ha vuelto al patrón anterior porque nadie le explicó qué tenía que mantener y qué no. Es entonces cuando vuelve la piedra y se frustra. El problema no era la motivación: era la falta de un plan claro y sostenible.
El segundo perfil: paciente con litiasis recurrente que lleva años entrando y saliendo de urgencias sin que nadie le haya hecho un estudio metabólico completo. Le quitan la piedra, le mandan beber más agua y a casa. Cuando finalmente analizamos su orina de 24 horas, aparece una causa concreta —hipocitraturia, hipercalciuria, hiperuricosuria— que se trata con una pastilla diaria y un par de ajustes dietéticos. A los 12 meses, sin nuevos episodios.
En el CAULP y en el Hospital San Roque trabajo la litiasis con esa mentalidad: cada paciente con piedras merece, al menos una vez en su vida, un estudio metabólico hecho con tiempo. No es una prueba cara ni complicada; lo difícil es que el sistema se siente a interpretarla bien y a diseñar un plan a 6-12 meses. Esa es la diferencia entre tener piedras toda la vida o no volver a tenerlas. Y en el camino casi siempre aparecen otras cosas —tendencia a la infección urinaria, déficit de vitamina D, hipertensión incipiente— que también conviene corregir.
¿Has tenido un cólico y no quieres pasar otro?
El Dr. Nicolás Jorge le atiende en CAULP y Hospital San Roque, Las Palmas. Estudio metabólico completo y plan de prevención a medida para evitar la recurrencia.
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