Qué es y por qué en el hombre es diferente

Una infección de orina es, dicho en sencillo, la presencia de bacterias multiplicándose donde no deberían: en la vejiga, en la uretra o, si la cosa sube, en los riñones. Las bacterias llegan casi siempre desde fuera, ascienden por la uretra y, si encuentran el terreno propicio, se instalan. Hasta aquí, igual en hombres y mujeres.

La diferencia está en la anatomía y en lo que significa. La uretra del hombre es larga y eso, por sí solo, es una barrera natural que hace que las infecciones sean mucho menos frecuentes que en la mujer. Por eso, cuando un hombre tiene una infección de orina, no la trato como un hecho aislado y sin importancia: la considero, hasta que se demuestre lo contrario, una señal de que algo le ha allanado el camino a las bacterias. En términos médicos hablamos de infección "complicada", y no porque sea necesariamente grave, sino porque suele haber un factor de fondo que conviene identificar.

¿Cuáles son esos factores? Los más habituales tienen que ver con la orina que no se vacía bien. Una próstata que ha crecido y obstruye la salida deja siempre un resto de orina en la vejiga, y esa orina estancada es el caldo de cultivo perfecto —lo explico con detalle en la guía sobre la hipertrofia benigna de próstata—. Un cálculo, una vejiga que no se contrae con fuerza, una sonda, o en hombres más jóvenes una prostatitis son otras piezas que aparecen una y otra vez. La infección es el síntoma visible; la causa suele estar por debajo.

Síntomas: cómo reconocerla

Los síntomas de una infección de vejiga son bastante reconocibles y, sobre todo, molestos. El más típico es el escozor o ardor al orinar, esa sensación de que la orina "quema" al salir. A eso se suma la necesidad de ir al baño muchas veces y con urgencia, aunque salga poca cantidad, y la sensación de no vaciar del todo. La orina puede volverse turbia, oscura o con un olor más fuerte de lo normal, y a veces aparece un tinte rosado o rojizo cuando hay algo de sangre.

Precisamente ese detalle de la sangre merece una nota: es cierto que muchas infecciones tiñen ligeramente la orina, pero la sangre en la orina nunca debería atribuirse "de oficio" a una infección sin comprobarlo, porque tiene otras causas que conviene descartar. Sobre esto escribí un artículo entero, por qué aparece sangre en la orina y cuándo preocuparse, que recomiendo leer si te ha pasado.

Hay un grupo de síntomas que cambia por completo la urgencia del asunto. Si además del escozor aparece fiebre, escalofríos, dolor en la zona lumbar o en el perineo, o un malestar general marcado, ya no hablamos de una simple cistitis: la infección puede haber alcanzado el riñón o la próstata, y eso requiere atención médica sin demora. No es para asustarse, pero sí para no dejarlo pasar en casa.

Diagnóstico: qué pruebas se hacen y para qué

El diagnóstico se apoya en dos pilares muy concretos. El primero es el análisis de orina con urocultivo. El análisis básico confirma que hay signos de infección; el urocultivo va más allá y hace dos cosas fundamentales: identifica exactamente qué bacteria es la culpable y prueba a qué antibióticos responde. Con esa información dejo de disparar a ciegas y elijo el tratamiento que de verdad va a funcionar. Por eso insisto tanto en recoger la muestra de orina antes de empezar a tomar nada: un antibiótico previo puede falsear el cultivo y dejarnos sin la mejor pista.

El segundo pilar, y el que marca la diferencia en el hombre, es buscar la causa de fondo. Aquí la ecografía es la herramienta clave: sin dolor ni molestias, permite ver los riñones, la vejiga y la próstata, comprobar si la vejiga se vacía bien o deja orina residual, y detectar cálculos. En muchos casos, con la analítica y la ecografía tenemos suficiente para saber si esa infección fue un episodio puntual o la punta de otro problema. Según lo que aparezca, a veces añadimos una flujometría para medir la fuerza del chorro o alguna prueba más dirigida.

La regla que aplico: en el hombre, una infección de orina no se cierra solo con el antibiótico. Se cierra cuando además hemos entendido por qué ocurrió. Eso es lo que evita que vuelva.

Tratamiento: opciones reales y qué esperar

El tratamiento de la infección en sí es, en la mayoría de los casos, un antibiótico bien elegido durante el tiempo adecuado. "Bien elegido" quiere decir, siempre que se pueda, guiado por el urocultivo; y "el tiempo adecuado" significa completar la pauta aunque a los dos días te encuentres perfectamente. Cortar el antibiótico a mitad es uno de los errores que más veo, y es justo lo que hace que la infección resurja o que las bacterias se vuelvan resistentes. Beber más agua de lo habitual acompaña y ayuda a lavar la vía urinaria, pero es un apoyo, no un sustituto del tratamiento.

La otra mitad del tratamiento —y la que a menudo se olvida— es corregir aquello que facilitó la infección. Si el problema es una próstata que obstruye, tratar la próstata reduce las recaídas mucho más que cualquier tanda repetida de antibióticos. Si hay un cálculo, hay que resolver el cálculo. Si la vejiga no se vacía bien, hay que trabajar sobre eso. No prometo que no vuelva a ocurrir nunca —en medicina las garantías absolutas no existen—, pero sí puedo decir que, cuando se identifica y se trata la causa, lo habitual es que las infecciones de repetición dejen de ser un problema recurrente.

Un apunte importante para terminar este bloque: no todas las bacterias en la orina se tratan. Existe una situación, la llamada bacteriuria asintomática, en la que hay bacterias pero ningún síntoma, y en la mayoría de los hombres no requiere antibiótico. Tomar antibióticos "por si acaso" cuando no hay molestias no es inofensivo. Esa decisión es precisamente la que conviene tomar con un profesional, no por cuenta propia.

Lo que observo en consulta

El caso que más se repite en mi consulta en Las Palmas es el del hombre de más de sesenta años que llega con su primera infección de orina y la vive con extrañeza: "yo nunca había tenido esto". Cuando le hago la ecografía, muchas veces aparece lo que ya sospechaba al escucharle: una próstata crecida y una vejiga que se queda con un resto de orina cada vez que va al baño. La infección no vino sola; vino porque ese charco de orina estancada llevaba tiempo esperando. Tratar solo el episodio y mandarle a casa sería condenarle a que vuelva en unos meses. Lo que cambia su historia es abordar la próstata.

El segundo perfil es el hombre más joven, a veces de treinta o cuarenta años, que aparece con escozor, molestias en el perineo y una sensación rara al orinar, y al que otro profesional ya le ha dado un par de tandas de antibiótico sin que la cosa termine de irse. Muchas de estas situaciones no son una cistitis clásica sino una prostatitis, que se comporta distinto y necesita otro enfoque y otros tiempos de tratamiento. Confundir una cosa con otra es un motivo frecuente de que el paciente ruede meses de médico en médico sin mejorar. Por eso, ante un hombre joven con síntomas urinarios que no se resuelven, siempre pienso en la próstata además de en la vejiga.

Lo que quiero transmitir es sencillo: si eres hombre y has tenido una infección de orina, no la archives como mala suerte. En la inmensa mayoría de los casos la causa se encuentra, se explica y tiene solución. Y encontrarla no solo te libra de la molestia de ese momento —te ahorra las recaídas, que es donde de verdad está el fastidio.

¿Has tenido una infección de orina o se te repiten las molestias al orinar?

El Dr. Nicolás Jorge le atiende en CAULP y Hospital San Roque, Las Palmas. Estudiar por qué ocurrió —y no solo apagar el episodio— es lo que evita que vuelva.

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Preguntas frecuentes

¿Por qué he tenido una infección de orina si soy hombre?
Porque en el hombre la infección de orina es menos frecuente que en la mujer y, cuando aparece, casi siempre hay algo que la ha facilitado. La uretra masculina es larga y eso protege de forma natural frente a las bacterias, así que cuando la infección se produce conviene preguntarse por qué: una próstata que crece y no deja vaciar bien la vejiga, un cálculo, una vejiga que retiene orina o, en hombres más jóvenes, una prostatitis. No siempre hay una enfermedad grave detrás, pero sí merece la pena buscar la causa en lugar de darlo por casualidad.
¿Una infección de orina en el hombre se cura solo bebiendo mucha agua?
Beber agua ayuda y forma parte del tratamiento, pero por sí solo rara vez basta en el hombre. La mayoría de estas infecciones necesitan antibiótico, y lo ideal es elegirlo según un urocultivo, que identifica la bacteria y a qué fármaco responde. Tomar antibióticos por cuenta propia o dejarlos a medias es un error frecuente: puede enmascarar el problema, generar resistencias y hacer que la infección vuelva. Lo sensato es consultar, recoger una muestra de orina antes de empezar y seguir la pauta completa.
¿Tengo que hacerme pruebas o basta con los antibióticos?
En el hombre casi siempre conviene mirar un poco más allá del antibiótico, sobre todo si es la primera infección clara, si se repite o si viene con fiebre o dolor. Un análisis de orina con urocultivo y una ecografía que valore la vejiga, los riñones y la próstata suelen ser suficientes para descartar las causas más habituales, como que la vejiga no se vacíe del todo o que haya un cálculo. No se trata de alarmarse, sino de asegurarse de que la infección no es la punta de otro problema que tiene solución.
NJ

Dr. Nicolás Jorge

Urólogo y andrólogo especializado en infecciones urinarias, salud prostática y síntomas del tracto urinario inferior en el hombre. Atiende en Las Palmas de Gran Canaria en el CAULP y Hospital San Roque. Ver perfil completo →