Qué hay ahí dentro y por qué duele tanto
El testículo es un órgano pequeño con una sensibilidad desproporcionada, y eso tiene una explicación. Sus nervios vienen de muy arriba, del fondo del abdomen, porque durante el desarrollo el testículo se forma cerca del riñón y baja después hasta la bolsa. Ese origen explica dos cosas que desconciertan a mucha gente: que un dolor testicular pueda irradiarse hacia la ingle o el costado, y que un problema en el riñón o el uréter —una piedra, por ejemplo— se sienta como si doliera el testículo, aunque el testículo esté perfectamente.
Dentro de la bolsa no está solo la gónada. Detrás y por encima se apoya el epidídimo, un conducto muy enrollado donde madura el esperma, y desde arriba baja el cordón espermático, que lleva la arteria, las venas y el conducto. Cada una de esas estructuras puede inflamarse, congestionarse o lesionarse, y cada una duele de una manera distinta. Por eso, cuando me cuentas cómo es tu dolor, ya estoy afinando mucho el diagnóstico antes de tocarte.
La pregunta que ordena todo lo demás es esta: ¿el dolor apareció de golpe o se instaló poco a poco? El dolor brusco, intenso, en un lado, que te dobla y que puede dar náuseas, se comporta como una urgencia hasta que se demuestre lo contrario. El dolor que va y viene, sordo, de pesadez, que empeora al final del día, casi nunca lo es. Son dos mundos distintos y merecen respuestas distintas.
Cuándo es una urgencia de verdad
Hay una causa por la que este artículo existe: la torsión testicular. El testículo cuelga del cordón, y en algunos hombres esa sujeción es algo más laxa de lo normal; si el testículo gira sobre su eje, el cordón se retuerce como una manguera y se corta el riego sanguíneo. El dolor es brusco, muy intenso, unilateral y no se pasa; suele acompañarse de náuseas o vómitos, la bolsa se hincha y el testículo afectado puede verse más alto o en una posición rara. Puede despertarte de madrugada sin que haya pasado nada.
Lo importante de la torsión no es lo dramático que suena, sino el reloj. El testículo aguanta sin riego un tiempo limitado, y esa ventana se mide en horas. Si se resuelve pronto, lo habitual es salvar el órgano; si se espera a ver si se pasa, a veces ya no hay nada que hacer. Es la razón por la que, ante un dolor testicular brusco e intenso, prefiero verte en urgencias esa misma noche aunque luego resulte ser otra cosa mucho más benigna. Es la clase de decisión en la que equivocarse por exceso no cuesta nada y equivocarse por defecto cuesta un testículo.
Es especialmente frecuente en adolescentes y hombres jóvenes, pero puede ocurrir a cualquier edad. Y sí: puede aparecer después de un esfuerzo, de un partido o de un golpe, pero también en reposo, sin causa aparente. Que no haya un motivo claro no la descarta.
Señales para acudir a urgencias sin esperar: dolor testicular de inicio brusco e intenso en un lado; dolor acompañado de náuseas o vómitos; testículo que se ve más alto, más grande o la bolsa muy tensa y enrojecida; fiebre alta con dolor escrotal; dolor tras un traumatismo que empeora en lugar de mejorar. Si estás en duda, la duda ya es motivo suficiente para consultar.
Las causas más frecuentes cuando no es una urgencia
Descartada la torsión, el abanico se abre y casi todo lo que queda es manejable. La causa más común que veo es la orquiepididimitis: una inflamación del epidídimo y a veces del propio testículo, habitualmente de origen infeccioso. Aquí el dolor no llega de golpe, sino que va creciendo a lo largo de uno o dos días, la zona se pone caliente y sensible, y con frecuencia hay síntomas al orinar —escozor, más frecuencia— o fiebre. En hombres jóvenes suele tener relación con una infección de transmisión sexual; a partir de cierta edad, más con el aparato urinario, y por eso conviene mirarlo junto con el resto de la orina, como explico en el artículo sobre la infección de orina en el hombre.
Otra causa muy frecuente de molestia crónica, más de pesadez que de dolor agudo, es el varicocele: una dilatación de las venas del cordón que congestiona la zona. Es típico que empeore al final del día, de pie o después de estar mucho tiempo sentado, y que mejore al tumbarse. También pueden dar molestias un quiste del epidídimo o un hidrocele cuando alcanzan cierto tamaño. Si además de dolor te has notado algo palpable, te interesa leer lo que explico sobre el bulto en el testículo, porque el enfoque cambia.
Hay dos causas más que quiero mencionar porque son las que más se pasan por alto. Una es el dolor referido: una piedra bajando por el uréter puede sentirse en el testículo sin que haya nada mal en él, y el patrón de dolor cólico de un cólico nefrítico ayuda a distinguirlo. La otra es el dolor testicular crónico sin lesión visible, en el que la musculatura del suelo pélvico y la sensibilización del sistema nervioso tienen mucho más peso de lo que se le suele reconocer; lo trato en profundidad en el artículo sobre el dolor pélvico crónico.
Diagnóstico: qué hago cuando llegas con dolor
El primer paso, y el que más información da, es escucharte. Cómo empezó, cuánto tardó en instalarse, si duele siempre o a ratos, si cambia con la postura, si hay síntomas al orinar, si ha habido fiebre, golpes o relaciones de riesgo. Con ese relato ya tengo, en la mayoría de los casos, una hipótesis principal y una o dos alternativas.
Después viene la exploración. Palpando distingo si lo que duele es el testículo, el epidídimo o el cordón; compruebo la posición y la consistencia, y busco unos signos concretos que orientan entre inflamación y torsión. No es agradable, lo sé, pero es rápido y evita pruebas innecesarias.
La prueba que casi siempre cierra el círculo es la ecografía escrotal con Doppler. No duele, dura unos minutos y, además de ver el testículo por dentro, permite comprobar si le llega sangre —que es exactamente la pregunta clave cuando se sospecha una torsión—. Según lo que sospeche, añado un análisis de orina y urocultivo, y si procede, pruebas para infecciones de transmisión sexual. En los casos de dolor de larga evolución, a veces la exploración del suelo pélvico aporta más que cualquier imagen.
Tratamiento: opciones reales según la causa
Cuando se confirma una torsión, el tratamiento es quirúrgico y urgente: se destuerce el cordón y se fija el testículo para que no vuelva a ocurrir, habitualmente en ambos lados. No hay alternativa ni margen para esperar, y es la única situación de este artículo en la que el reloj manda por encima de todo.
En la orquiepididimitis el tratamiento es antibiótico dirigido, acompañado de antiinflamatorios, reposo relativo, frío local y sujeción de la bolsa, que alivia bastante más de lo que la gente espera. Aquí hay un detalle que insisto mucho en explicar: la mejoría del dolor llega en pocos días, pero la induración y la molestia residual pueden tardar semanas en irse del todo. Que siga notándose algo dos semanas después no significa que el tratamiento haya fallado; abandonar el antibiótico antes de tiempo porque «ya no duele», en cambio, sí suele traer recaídas.
El varicocele, el hidrocele o un quiste solo se plantean operar cuando dan síntomas mantenidos, crecen o hay un motivo de fertilidad de por medio; no se operan por el hecho de existir. Y en el dolor crónico sin lesión, el tratamiento deja de ser una pastilla única y pasa a ser un plan: trabajo del suelo pélvico, manejo específico del dolor, revisión de hábitos y postura, y seguimiento. No prometo que desaparezca del todo —en dolor crónico las garantías no existen—, pero sí que el enfoque ordenado mejora la vida de la mayoría de los hombres que lo siguen.
Lo que observo en consulta
El perfil que más me preocupa es el chaval de dieciséis o diecisiete años que se despierta de madrugada con un dolor brutal en un testículo, se lo aguanta hasta la mañana siguiente por vergüenza a decírselo a sus padres, y llega a la consulta a mediodía. He visto esa escena las suficientes veces como para repetirlo en cada charla y en cada artículo: en un dolor testicular brusco, las horas que se pierden no se recuperan. Si tienes un hijo adolescente, esta conversación incómoda de treinta segundos —«si alguna vez te duele ahí de golpe, me lo dices aunque te dé corte»— puede ahorrarle un testículo.
El otro perfil es el contrario y es el que más veo en Las Palmas: el hombre de cuarenta y tantos que lleva meses con una molestia sorda, de pesadez, que ya ha pasado por dos o tres ecografías normales y llega convencido de que nadie le cree. Suele traer una carpeta de informes y una frase: «me han dicho que no tengo nada». Y no es verdad que no tenga nada: tiene dolor. Lo que no tiene es una lesión que se vea en la imagen, que es muy distinto. En esos casos la ecografía repetida deja de aportar y lo que cambia el curso es explorar el suelo pélvico, revisar cuántas horas pasa sentado y trabajar el dolor de forma específica. Cuando se enfoca así, muchos mejoran después de meses estancados.
Y una cosa más, por experiencia: la consulta por dolor testicular llega tarde con demasiada frecuencia, y casi nunca por falta de información, sino por pudor. En el CAULP y en el Hospital San Roque esto lo vemos a diario y no tiene nada de extraordinario para nosotros. Si algo te duele ahí abajo, la vergüenza es el único síntoma que sí puedes descartar tú solo.
¿Te duele un testículo y no sabes si esperar?
El Dr. Nicolás Jorge le atiende en CAULP y Hospital San Roque, Las Palmas. Una exploración con ecografía escrotal aclara la mayoría de los casos en la misma consulta. Si el dolor es brusco e intenso, acuda a urgencias sin esperar cita.
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