El hidrocele es una de las consultas más frecuentes que recibo por «algo raro en el testículo», y también una de las que más alivio genera cuando se explica bien. La mayoría de las veces es un problema benigno, de volumen y de comodidad, no de salud. Pero tiene una trampa: el líquido puede ocultar lo que hay debajo, y por eso nunca lo doy por bueno sin mirar dentro con una ecografía.
Este artículo es para el hombre que ha notado ese aumento de tamaño y quiere entender qué le pasa antes de sentarse delante de un urólogo. También para el que ya tiene el diagnóstico y duda entre operarse o dejarlo estar.
Qué es un hidrocele y por qué aparece en un adulto
El testículo no está suelto dentro del escroto. Está envuelto por una membrana de dos capas, parecida a un saco, que en condiciones normales contiene una cantidad mínima de líquido que lubrica y permite que el testículo se mueva sin rozar. Esa membrana fabrica líquido y a la vez lo reabsorbe, en un equilibrio continuo.
Un hidrocele es, simplemente, ese equilibrio roto: se produce más líquido del que se reabsorbe, o se reabsorbe peor, y el saco se va llenando. El testículo queda dentro, flotando en ese líquido, y desde fuera lo que se nota es un aumento de tamaño uniforme, blando y casi siempre indoloro.
Por qué ocurre
En los niños el mecanismo es distinto: queda abierta una comunicación con el abdomen que debería haberse cerrado antes de nacer. En el adulto, en cambio, lo habitual es que esa comunicación no exista y que el hidrocele sea de otro tipo:
- Sin causa identificable. Es el escenario más frecuente a partir de los 40 o 50 años. La membrana, con el tiempo, cambia su forma de trabajar y empieza a acumular líquido lentamente, a lo largo de meses o años.
- Después de una inflamación. Una epididimitis o una orquitis, es decir, una infección o inflamación del testículo o de su conducto, puede dejar como secuela un hidrocele que persiste cuando la infección ya ha pasado.
- Tras un golpe en la zona, aunque sea de hace tiempo.
- Después de una cirugía en la ingle o el escroto, como una operación de hernia inguinal o de varicocele. Es una complicación conocida y, cuando ocurre, se maneja igual que cualquier otro hidrocele.
- Como acompañante de un tumor testicular. Es poco frecuente, pero existe, y es la razón por la que en un adulto siempre completo el estudio con una ecografía. Lo explico con más detalle en el artículo sobre qué hacer cuando notas un bulto en el testículo.
La idea que hay que retener: el hidrocele no es una enfermedad del testículo, es un problema de la envoltura que lo rodea. El testículo que está dentro suele ser completamente normal. Comprobarlo es el único paso que no se puede saltar.
Síntomas: cómo reconocerlo
El hidrocele típico se presenta como un aumento de tamaño de un lado del escroto, aunque también puede ser de los dos. Las características que lo definen bastante bien son estas:
- No duele, o duele muy poco. Lo que sí se nota, cuando crece, es una sensación de peso o de tirantez, sobre todo al final del día o después de estar mucho tiempo de pie.
- Es blando y liso, sin bultos duros al tacto. Al apretarlo con suavidad, la sensación es la de una bolsa de líquido.
- El tamaño es bastante estable de un día para otro. Puede crecer lentamente a lo largo de meses, pero no cambia de la noche a la mañana.
- Cuando es grande, empieza a molestar en lo práctico: roza con el muslo al caminar, incomoda al sentarse, se nota con ciertos pantalones, interfiere en las relaciones sexuales o en el deporte.
Hay una prueba sencilla que hacemos en consulta, la transiluminación: apagamos la luz y apoyamos una linterna en el escroto. El líquido deja pasar la luz y la bolsa se ilumina de un color rojizo; un bulto sólido, no. Es orientativa y no sustituye a la ecografía, pero da una primera pista muy rápida.
Lo que no encaja con un hidrocele
Conviene conocer los signos que apuntan a otra cosa, porque cambian la urgencia:
- Dolor intenso de aparición brusca, con o sin náuseas. Eso no es un hidrocele; puede ser una torsión testicular y requiere acudir a urgencias de inmediato. Lo detallo en el artículo sobre dolor testicular y cuándo es una urgencia.
- Un bulto duro, irregular o pegado al testículo, aunque no duela.
- Fiebre, enrojecimiento o calor local, que orientan a infección.
- Un bulto que aparece al toser o al hacer esfuerzo y desaparece al tumbarte, más propio de una hernia inguinal.
- Una sensación de «bolsa de gusanos» blanda encima del testículo, especialmente en el lado izquierdo, que suele corresponder a un varicocele, un problema de venas dilatadas y no de líquido.
Diagnóstico: qué pruebas se hacen
El diagnóstico de un hidrocele es sencillo y no da miedo. Se basa en tres cosas:
La conversación. Desde cuándo lo notas, si ha crecido, si has tenido alguna infección, golpe u operación en la zona, si te duele, si te limita en algo. Esa historia ya orienta sobre el tipo de hidrocele y sobre si hay prisa o no.
La exploración. Palpar el escroto con calma, de pie y tumbado, permite distinguir el líquido de un bulto sólido, comprobar si el testículo se toca con normalidad dentro del saco y descartar una hernia. Es una exploración breve y nada agresiva.
La ecografía escrotal. Es la prueba clave y la pido prácticamente siempre en un adulto. Es indolora, dura unos minutos y responde a las preguntas que importan: confirma que lo que hay es líquido, mide su cantidad y, sobre todo, muestra el testículo y el epidídimo con detalle para asegurar que no hay ninguna lesión escondida detrás del hidrocele. Con el Doppler, que forma parte de la misma prueba, se comprueba además que el riego sanguíneo del testículo es normal.
Si la ecografía es normal, el estudio está completo. No hace falta analítica específica ni ninguna otra prueba, salvo que la historia o la exploración sugieran una infección activa o algo distinto.
Tratamiento: opciones reales
Aquí la pregunta que me hacen casi todos es la misma: «¿hay que operarlo?». Y la respuesta honesta es: depende de cuánto te moleste, no de cuánto mide.
Observar
Un hidrocele pequeño o moderado, que no duele, no incomoda y tiene una ecografía normal, no necesita tratamiento. No se va a convertir en nada peligroso por dejarlo. Lo razonable en ese caso es vigilar: revisarse de vez en cuando, estar atento a si crece o cambia de consistencia, y volver a consulta si empieza a molestar. Muchos de mis pacientes viven con su hidrocele años sin que les suponga ningún problema.
Operar
La cirugía está indicada cuando el hidrocele molesta de verdad: por peso, por tamaño, por roce, porque limita el deporte o la vida sexual, o simplemente porque al paciente le incomoda su aspecto y lo tiene claro. También la planteo cuando es muy grande, porque un volumen importante durante mucho tiempo puede acabar afectando a la piel del escroto y al propio testículo.
La intervención se llama hidrocelectomía. Se hace a través de una pequeña incisión en el escroto, con anestesia regional o general según el caso y las preferencias, y en régimen ambulatorio o con una noche de ingreso como mucho. Consiste en vaciar el líquido y actuar sobre la membrana que lo produce, bien resecándola, bien plegándola sobre sí misma, de forma que ya no pueda volver a formar la bolsa.
Es una cirugía corta y bien tolerada, pero no es «nada». Durante las primeras semanas es normal que el escroto esté hinchado, duro y con hematoma, a veces más que antes de operar, y eso asusta si nadie te lo ha advertido. Se lleva con reposo relativo, un suspensorio o ropa interior ajustada, frío local los primeros días y analgesia sencilla. Las complicaciones posibles son las de cualquier cirugía escrotal: sangrado, infección de la herida y, en una minoría de casos, que el hidrocele reaparezca con el tiempo. No puedo prometerte que no vuelva, pero sí que la cirugía es la opción con mejores resultados duraderos.
Lo que no recomiendo como primera opción
Pinchar y vaciar el líquido con una aguja es tentador porque es rápido e inmediato, pero la membrana sigue ahí y el hidrocele suele volver en poco tiempo. Además, cada punción supone un riesgo de infección y de sangrado dentro del saco, que luego complica una cirugía posterior. Existe la posibilidad de inyectar una sustancia que «pegue» la membrana tras vaciarla, la esclerosis, y puede tener sentido en pacientes concretos que no pueden operarse, pero no la considero la opción habitual en un hombre sano.
Tampoco existe ninguna pastilla, crema ni remedio que reabsorba el líquido. Si alguien te lo ofrece, desconfía.
Lo que observo en consulta
El perfil más habitual que atiendo en el CAULP es un hombre de entre 50 y 70 años que lleva meses, a veces años, notando que un lado «le ha crecido» y que viene porque ya le roza al andar o porque su pareja le ha insistido. Casi siempre llega con la misma mezcla: vergüenza por haber tardado tanto y miedo a que sea algo malo. Cuando la ecografía confirma que el testículo es normal, la cara cambia. A partir de ahí la decisión de operar o no la tomamos juntos, en función de cuánto le limita, no de lo que yo opine del tamaño.
El segundo perfil me preocupa más y es más joven: un hombre de 30 o 40 años que ha notado el aumento hace poco y lo ha buscado en internet, ha leído «hidrocele», se ha autodiagnosticado y ha decidido que no pasa nada. En la mayoría de los casos tiene razón, pero no siempre. He visto hidroceles que escondían una lesión que solo apareció en la ecografía, y he visto «hidroceles» que en realidad eran una epididimitis a medio tratar o un varicocele voluminoso. El diagnóstico por internet acierta mucho, pero el precio de las veces que falla es demasiado alto para ahorrarse una ecografía de diez minutos.
Hay un tercer patrón del que hablo poco pero veo con frecuencia en el Hospital San Roque: el hidrocele que aparece después de una operación de hernia inguinal o de varicocele. El paciente se asusta porque cree que la cirugía ha salido mal. Normalmente no es así: es una complicación conocida de esas intervenciones, no suele ser grande, y la mayoría de las veces se vigila sin hacer nada. Lo importante es que lo cuente, para que podamos valorarlo y descartar otras causas, en lugar de cargar con la duda en silencio.
¿Has notado un testículo más grande o pesado?
El Dr. Nicolás Jorge le atiende en CAULP y Hospital San Roque, Las Palmas. Exploración, ecografía escrotal y valoración de si su hidrocele necesita tratamiento o simplemente seguimiento.
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