El hidrocele es una de las consultas más frecuentes que recibo por «algo raro en el testículo», y también una de las que más alivio genera cuando se explica bien. La mayoría de las veces es un problema benigno, de volumen y de comodidad, no de salud. Pero tiene una trampa: el líquido puede ocultar lo que hay debajo, y por eso nunca lo doy por bueno sin mirar dentro con una ecografía.

Este artículo es para el hombre que ha notado ese aumento de tamaño y quiere entender qué le pasa antes de sentarse delante de un urólogo. También para el que ya tiene el diagnóstico y duda entre operarse o dejarlo estar.

Qué es un hidrocele y por qué aparece en un adulto

El testículo no está suelto dentro del escroto. Está envuelto por una membrana de dos capas, parecida a un saco, que en condiciones normales contiene una cantidad mínima de líquido que lubrica y permite que el testículo se mueva sin rozar. Esa membrana fabrica líquido y a la vez lo reabsorbe, en un equilibrio continuo.

Un hidrocele es, simplemente, ese equilibrio roto: se produce más líquido del que se reabsorbe, o se reabsorbe peor, y el saco se va llenando. El testículo queda dentro, flotando en ese líquido, y desde fuera lo que se nota es un aumento de tamaño uniforme, blando y casi siempre indoloro.

Por qué ocurre

En los niños el mecanismo es distinto: queda abierta una comunicación con el abdomen que debería haberse cerrado antes de nacer. En el adulto, en cambio, lo habitual es que esa comunicación no exista y que el hidrocele sea de otro tipo:

La idea que hay que retener: el hidrocele no es una enfermedad del testículo, es un problema de la envoltura que lo rodea. El testículo que está dentro suele ser completamente normal. Comprobarlo es el único paso que no se puede saltar.

Síntomas: cómo reconocerlo

El hidrocele típico se presenta como un aumento de tamaño de un lado del escroto, aunque también puede ser de los dos. Las características que lo definen bastante bien son estas:

Hay una prueba sencilla que hacemos en consulta, la transiluminación: apagamos la luz y apoyamos una linterna en el escroto. El líquido deja pasar la luz y la bolsa se ilumina de un color rojizo; un bulto sólido, no. Es orientativa y no sustituye a la ecografía, pero da una primera pista muy rápida.

Lo que no encaja con un hidrocele

Conviene conocer los signos que apuntan a otra cosa, porque cambian la urgencia:

Diagnóstico: qué pruebas se hacen

El diagnóstico de un hidrocele es sencillo y no da miedo. Se basa en tres cosas:

La conversación. Desde cuándo lo notas, si ha crecido, si has tenido alguna infección, golpe u operación en la zona, si te duele, si te limita en algo. Esa historia ya orienta sobre el tipo de hidrocele y sobre si hay prisa o no.

La exploración. Palpar el escroto con calma, de pie y tumbado, permite distinguir el líquido de un bulto sólido, comprobar si el testículo se toca con normalidad dentro del saco y descartar una hernia. Es una exploración breve y nada agresiva.

La ecografía escrotal. Es la prueba clave y la pido prácticamente siempre en un adulto. Es indolora, dura unos minutos y responde a las preguntas que importan: confirma que lo que hay es líquido, mide su cantidad y, sobre todo, muestra el testículo y el epidídimo con detalle para asegurar que no hay ninguna lesión escondida detrás del hidrocele. Con el Doppler, que forma parte de la misma prueba, se comprueba además que el riego sanguíneo del testículo es normal.

Si la ecografía es normal, el estudio está completo. No hace falta analítica específica ni ninguna otra prueba, salvo que la historia o la exploración sugieran una infección activa o algo distinto.

Tratamiento: opciones reales

Aquí la pregunta que me hacen casi todos es la misma: «¿hay que operarlo?». Y la respuesta honesta es: depende de cuánto te moleste, no de cuánto mide.

Observar

Un hidrocele pequeño o moderado, que no duele, no incomoda y tiene una ecografía normal, no necesita tratamiento. No se va a convertir en nada peligroso por dejarlo. Lo razonable en ese caso es vigilar: revisarse de vez en cuando, estar atento a si crece o cambia de consistencia, y volver a consulta si empieza a molestar. Muchos de mis pacientes viven con su hidrocele años sin que les suponga ningún problema.

Operar

La cirugía está indicada cuando el hidrocele molesta de verdad: por peso, por tamaño, por roce, porque limita el deporte o la vida sexual, o simplemente porque al paciente le incomoda su aspecto y lo tiene claro. También la planteo cuando es muy grande, porque un volumen importante durante mucho tiempo puede acabar afectando a la piel del escroto y al propio testículo.

La intervención se llama hidrocelectomía. Se hace a través de una pequeña incisión en el escroto, con anestesia regional o general según el caso y las preferencias, y en régimen ambulatorio o con una noche de ingreso como mucho. Consiste en vaciar el líquido y actuar sobre la membrana que lo produce, bien resecándola, bien plegándola sobre sí misma, de forma que ya no pueda volver a formar la bolsa.

Es una cirugía corta y bien tolerada, pero no es «nada». Durante las primeras semanas es normal que el escroto esté hinchado, duro y con hematoma, a veces más que antes de operar, y eso asusta si nadie te lo ha advertido. Se lleva con reposo relativo, un suspensorio o ropa interior ajustada, frío local los primeros días y analgesia sencilla. Las complicaciones posibles son las de cualquier cirugía escrotal: sangrado, infección de la herida y, en una minoría de casos, que el hidrocele reaparezca con el tiempo. No puedo prometerte que no vuelva, pero sí que la cirugía es la opción con mejores resultados duraderos.

Lo que no recomiendo como primera opción

Pinchar y vaciar el líquido con una aguja es tentador porque es rápido e inmediato, pero la membrana sigue ahí y el hidrocele suele volver en poco tiempo. Además, cada punción supone un riesgo de infección y de sangrado dentro del saco, que luego complica una cirugía posterior. Existe la posibilidad de inyectar una sustancia que «pegue» la membrana tras vaciarla, la esclerosis, y puede tener sentido en pacientes concretos que no pueden operarse, pero no la considero la opción habitual en un hombre sano.

Tampoco existe ninguna pastilla, crema ni remedio que reabsorba el líquido. Si alguien te lo ofrece, desconfía.

Lo que observo en consulta

El perfil más habitual que atiendo en el CAULP es un hombre de entre 50 y 70 años que lleva meses, a veces años, notando que un lado «le ha crecido» y que viene porque ya le roza al andar o porque su pareja le ha insistido. Casi siempre llega con la misma mezcla: vergüenza por haber tardado tanto y miedo a que sea algo malo. Cuando la ecografía confirma que el testículo es normal, la cara cambia. A partir de ahí la decisión de operar o no la tomamos juntos, en función de cuánto le limita, no de lo que yo opine del tamaño.

El segundo perfil me preocupa más y es más joven: un hombre de 30 o 40 años que ha notado el aumento hace poco y lo ha buscado en internet, ha leído «hidrocele», se ha autodiagnosticado y ha decidido que no pasa nada. En la mayoría de los casos tiene razón, pero no siempre. He visto hidroceles que escondían una lesión que solo apareció en la ecografía, y he visto «hidroceles» que en realidad eran una epididimitis a medio tratar o un varicocele voluminoso. El diagnóstico por internet acierta mucho, pero el precio de las veces que falla es demasiado alto para ahorrarse una ecografía de diez minutos.

Hay un tercer patrón del que hablo poco pero veo con frecuencia en el Hospital San Roque: el hidrocele que aparece después de una operación de hernia inguinal o de varicocele. El paciente se asusta porque cree que la cirugía ha salido mal. Normalmente no es así: es una complicación conocida de esas intervenciones, no suele ser grande, y la mayoría de las veces se vigila sin hacer nada. Lo importante es que lo cuente, para que podamos valorarlo y descartar otras causas, en lugar de cargar con la duda en silencio.

¿Has notado un testículo más grande o pesado?

El Dr. Nicolás Jorge le atiende en CAULP y Hospital San Roque, Las Palmas. Exploración, ecografía escrotal y valoración de si su hidrocele necesita tratamiento o simplemente seguimiento.

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Preguntas frecuentes

¿Un hidrocele puede ser un cáncer de testículo?
El hidrocele en sí no es un tumor: es líquido acumulado alrededor del testículo. Lo que sí ocurre, de forma poco frecuente, es que un tumor del testículo provoque un hidrocele a su alrededor, y entonces el líquido puede esconder el bulto al tacto. Por eso en un adulto con hidrocele siempre pido una ecografía: no para confirmar el líquido, que se ve a simple vista, sino para comprobar que el testículo que está dentro es normal. Si la ecografía es normal, puedes quedarte tranquilo.
¿No se puede sacar el líquido con una aguja y ya está?
Se puede, pero casi nunca es buena idea. El líquido lo fabrica una membrana que sigue ahí después de vaciarlo, así que el hidrocele tiende a volver en semanas o meses, y cada punción añade riesgo de infección y de sangrado dentro del escroto. La solución duradera es la cirugía, que actúa sobre esa membrana. La punción la reservo para casos muy concretos, por ejemplo cuando un paciente no puede operarse por su estado de salud.
¿El hidrocele afecta a la fertilidad o a las erecciones?
No a las erecciones: el hidrocele no tiene nada que ver con los mecanismos de la erección. En cuanto a la fertilidad, un hidrocele pequeño o moderado no suele alterarla. Cuando es muy grande y lleva mucho tiempo, puede aumentar la temperatura y la presión alrededor del testículo, y eso es un motivo más para valorar operarlo si estás buscando un embarazo. En ese caso conviene revisar también si existe un varicocele, que sí es una causa frecuente de problemas de fertilidad.
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Dr. Nicolás Jorge

Urólogo y andrólogo con dedicación específica a la patología testicular y escrotal, la salud masculina y la cirugía mínimamente invasiva. Atiende en Las Palmas de Gran Canaria en el CAULP y Hospital San Roque. Ver perfil completo →