La retención aguda de orina es una de las urgencias urológicas más frecuentes y, a la vez, una de las que más desconcierta al paciente. Muchos de los hombres a los que atiendo por este motivo no tenían ningún diagnóstico previo. Orinaban «un poco peor que antes», se levantaban alguna vez por la noche, y de repente un día la vejiga se cierra. El susto es grande, el dolor también, y después del episodio vienen las preguntas: por qué a mí, qué me van a hacer, si me va a volver a pasar.
Este artículo es para el hombre que lo ha vivido y quiere entender qué le pasó, y para el que está ahora mismo en esa situación y busca saber qué hacer. Empiezo por eso: si llevas horas sin poder orinar y te duele la parte baja del abdomen, acude a urgencias. El resto puedes leerlo después, con la vejiga vacía.
Qué es la retención aguda de orina y por qué se produce
La vejiga es un músculo hueco. Se llena poco a poco, y cuando toca vaciarse, se contrae mientras la salida, que atraviesa la próstata y la uretra, se relaja y abre el paso. Orinar bien depende de que las dos cosas ocurran a la vez: un músculo que empuja con fuerza y una salida que no ofrece resistencia.
Una retención aguda es la incapacidad brusca y completa de vaciar la vejiga, a pesar de que está llena y de que tienes ganas. Se diferencia de la retención crónica, en la que el hombre orina pero deja siempre una cantidad importante dentro, a veces sin notarlo, durante meses o años. La aguda duele y se nota; la crónica es silenciosa y la explico más abajo porque a veces las dos se encuentran.
Por qué se cierra la salida
En el hombre adulto la causa más frecuente, con diferencia, es la próstata agrandada. La próstata rodea la uretra justo a la salida de la vejiga, y cuando crece la va estrechando. Durante mucho tiempo la vejiga compensa empujando más fuerte, y el paciente no se entera o lo atribuye a la edad. Pero ese equilibrio es frágil, y basta un empujón para que se rompa. Lo cuento con detalle en la guía para pacientes sobre hipertrofia prostática benigna.
Ese «empujón» que convierte una próstata grande en una retención suele ser uno de estos:
- Medicamentos. Los anticatarrales con descongestivos, muchos antihistamínicos, algunos fármacos para el mareo, ciertos antidepresivos y relajantes musculares, y los que se usan para la vejiga hiperactiva. Todos ellos, por mecanismos distintos, o aprietan la salida o debilitan el empuje de la vejiga. El clásico es el hombre con próstata grande que se toma un anticatarral «fuerte» en invierno y esa misma noche acaba en urgencias.
- Alcohol en cantidad. Hace producir mucha orina en poco tiempo, distiende la vejiga y además relaja su capacidad de contraerse. Una cena larga con vino y una vejiga que ya iba justa es una combinación que veo con frecuencia.
- Aguantar las ganas demasiado tiempo. Un viaje en coche, una reunión, una boda. La vejiga se sobredistiende, el músculo pierde fuerza y, cuando por fin intentas orinar, no responde.
- Frío y estar mucho tiempo sentado o inmóvil.
- Estreñimiento importante. Un recto lleno comprime la salida de la vejiga desde atrás.
- Una infección o una prostatitis aguda. La próstata se inflama, aumenta de tamaño de golpe y cierra el paso. En ese caso suele haber fiebre, escalofríos y mucho malestar; lo detallo en el artículo sobre prostatitis y dolor pélvico en el hombre.
- Una anestesia o una cirugía reciente, sobre todo de cadera, rodilla, hernia o cualquier operación abdominal o pélvica. La anestesia, los analgésicos opioides, la inmovilidad y el dolor hacen que la vejiga «se olvide» de vaciarse durante unas horas o días.
Otras causas menos frecuentes
No todo es próstata. Una estenosis de uretra, es decir, una cicatriz que estrecha el conducto, puede dar los mismos síntomas en hombres jóvenes, a menudo con antecedente de sondajes, infecciones o traumatismos. Un coágulo de sangre dentro de la vejiga puede taponar la salida en un paciente con sangre en la orina. Un cálculo que baja y se encaja en la uretra. Y problemas neurológicos, como una lesión de la columna lumbar, una hernia discal grave o enfermedades que afectan a los nervios de la vejiga, pueden hacer que el músculo simplemente no reciba la orden de contraerse.
La idea que hay que retener: la retención aguda casi nunca aparece de la nada. Suele ser una próstata que llevaba tiempo estrechando el paso más un desencadenante concreto que ese día inclinó la balanza. Encontrar las dos piezas es lo que permite evitar que se repita.
Síntomas: cómo reconocerla
El cuadro típico es difícil de confundir con otra cosa:
- Ganas intensas y crecientes de orinar que no se alivian.
- Imposibilidad total de orinar, o como mucho unas gotas que no alivian nada.
- Dolor y presión en la parte baja del abdomen, por encima del pubis, que va en aumento. Al tocarse, se nota una masa dura y redondeada: es la vejiga llena, lo que llamamos globo vesical.
- Inquietud, sudoración, a veces náuseas. El paciente no encuentra postura.
Hay una variante engañosa que conviene conocer. En la retención crónica, la vejiga está siempre llena y el músculo ha perdido fuerza. El hombre orina poca cantidad y muchas veces, se levanta varias veces por la noche, a veces se le escapan gotas sin darse cuenta, sobre todo al dormir. Es la llamada incontinencia por rebosamiento: la vejiga está tan llena que la orina se sale por arriba, como un vaso que desborda. Muchos lo viven como «me levanto mucho de noche» y lo normalizan. Si te reconoces en esa descripción, lee también el artículo sobre por qué te levantas a orinar por la noche, porque una de las causas es precisamente esta.
Señales que añaden urgencia
Toda retención aguda es motivo de urgencias, pero hay datos que la convierten en algo más serio y que debes contar en cuanto llegues:
- Fiebre o escalofríos, que apuntan a una infección de la orina o de la próstata atrapada detrás del bloqueo.
- Sangre en la orina antes del episodio.
- Dolor en la zona lumbar, en uno o los dos lados, que puede indicar que la presión ya está llegando a los riñones.
- Pérdida de fuerza o sensibilidad en las piernas, o dificultad para controlar las heces. Esto es raro, pero orienta a un problema neurológico y cambia por completo el manejo.
Diagnóstico: qué van a hacerte en urgencias y después
Aquí hay una peculiaridad que tranquiliza a muchos pacientes cuando se la explico: en la retención aguda, el diagnóstico y el tratamiento son casi el mismo acto. No vas a estar horas esperando pruebas con la vejiga a punto de reventar.
La exploración. Palpar el abdomen bajo y encontrar el globo vesical ya confirma el diagnóstico en la mayoría de los casos. Si hay dudas, un ecógrafo portátil mide en segundos cuánta orina hay dentro.
El sondaje. Se introduce una sonda fina y flexible por la uretra hasta la vejiga, con un gel anestésico y lubricante. Es incómodo, no lo voy a negar, pero dura menos de un minuto y el alivio al vaciar la vejiga es inmediato. La cantidad que sale es, en sí misma, un dato diagnóstico importante: no es lo mismo vaciar medio litro que vaciar un litro y medio. Cuanto mayor es el volumen, más tiempo llevaba la vejiga sufriendo y menos probable es que recupere su fuerza de inmediato. Si la sonda no puede pasar por la uretra, cosa que ocurre cuando hay una estenosis o una próstata muy grande, se coloca una sonda directamente en la vejiga a través de la piel del abdomen, bajo anestesia local. Suena peor de lo que es.
La analítica. Se mira la función del riñón, porque una vejiga muy distendida durante horas puede repercutir hacia arriba, y se analiza la orina para descartar infección. Aquí hay algo que quiero que sepas: no es el momento de medir el PSA. La retención, el sondaje y la propia inflamación lo elevan de forma artificial, y un valor alto en ese contexto no significa nada. Si alguien te lo mide en urgencias y sale elevado, no te asustes; lo repetiremos en consulta semanas después, con calma, y lo interpretaremos como explico en el artículo sobre qué significa tener el PSA elevado.
El estudio posterior en consulta. Una vez resuelto el episodio, toca averiguar por qué pasó. Repaso contigo la medicación y los desencadenantes, hago un tacto rectal para valorar el tamaño y la consistencia de la próstata, y pido una ecografía del aparato urinario que mide la próstata, mira los riñones y comprueba cuánta orina queda en la vejiga después de orinar. Más adelante, cuando ya orinas sin sonda, una flujometría, que consiste simplemente en orinar en un aparato que mide la fuerza del chorro, nos dice cuánto obstáculo hay realmente. Si sospecho una estenosis de uretra, una cistoscopia, que es mirar el conducto con una cámara fina, lo confirma.
Tratamiento: qué viene después de la sonda
Vaciar la vejiga resuelve la urgencia, pero no el problema. El tratamiento tiene dos tiempos.
Primer tiempo: dar una oportunidad a la vejiga
Lo habitual es dejar la sonda unos días para que el músculo descanse y recupere tono, y empezar al mismo tiempo un medicamento de la familia de los alfabloqueantes, que relaja la musculatura de la próstata y de la salida de la vejiga. Mientras tanto, se corrige lo que haya desencadenado el episodio: se retira el anticatarral, se trata el estreñimiento, se pauta antibiótico si había infección.
Pasados esos días se hace lo que llamamos prueba de micción sin sonda: se retira la sonda y se comprueba si eres capaz de orinar por tu cuenta y, sobre todo, de vaciar la vejiga de forma razonable. Muchos hombres lo consiguen, siguen con la medicación y pasan a un seguimiento normal en consulta. Es importante que esa retirada se haga de forma controlada, con un plan claro de qué hacer si no funciona, y no «a ver qué pasa» en casa sin nadie a quien llamar.
Si la prueba falla
Si al retirar la sonda vuelves a quedarte sin orinar, o si orinas pero dejas mucha orina dentro, se vuelve a colocar la sonda y hablamos de soluciones definitivas. Hay dos caminos:
- Mantener la sonda un tiempo más y repetir la prueba, o enseñarte a vaciar la vejiga tú mismo con una sonda fina varias veces al día, lo que llamamos autosondaje. Suena peor de lo que es: con un poco de práctica, la mayoría de los pacientes lo hace en un par de minutos y con total normalidad. Es una buena opción puente mientras se planifica la cirugía, o una opción a largo plazo en hombres que no pueden operarse.
- Operar la próstata para abrir la salida de forma permanente. Hoy la mayoría de estas intervenciones se hacen por la uretra, sin cortes en la piel, con técnicas de resección o con láser según el tamaño de la próstata y las características de cada paciente. Es una cirugía con resultados bien establecidos sobre el vaciado, pero no está exenta de efectos secundarios, sobre todo sobre la eyaculación, y lo discutimos con detalle antes de decidir.
Lo que no funciona
No sirve de nada intentar forzar la micción con baños calientes, abriendo grifos o apretando la barriga cuando la vejiga ya está bloqueada: solo pierdes tiempo y añades sufrimiento al músculo. Tampoco tiene sentido suspender el alfabloqueante «porque ya orino bien» sin consultarlo. Y, sobre todo, no sirve no volver a consulta después del episodio porque todo parece haberse resuelto. La retención es una advertencia de que la próstata ya estaba dificultando el vaciado, y sin estudio y seguimiento, lo más probable es que se repita.
Lo que observo en consulta
El perfil que más veo en el Hospital San Roque, cuando me avisan de urgencias, es un hombre de entre 65 y 75 años con una próstata grande que sabía que tenía, o que intuía, y que nunca había tratado. Orinaba «regular», se levantaba dos o tres veces por la noche, lo había normalizado. Y un día coinciden un viaje largo, una cena con vino o un resfriado tratado con lo primero que había en la farmacia, y la vejiga se cierra. Cuando le pregunto cuánto tiempo llevaba orinando mal, casi siempre me responde «años». Lo que más me preocupa de este perfil no es la retención en sí, que se resuelve bien, sino que haya hecho falta llegar a urgencias para que alguien mirase esa próstata. Con un tratamiento sencillo empezado dos o tres años antes, muchos de esos episodios no habrían ocurrido.
El segundo perfil me llega desde otro lado: hombres de 50 o 60 años que vienen al CAULP a los pocos días de una operación de rodilla, de cadera o de hernia, con una sonda que les pusieron en el hospital porque no orinaban tras la anestesia. No tenían ningún problema previo, o uno muy leve, y están desconcertados y asustados. A ellos les explico que la retención postoperatoria tiene mucho que ver con la anestesia, los analgésicos y el reposo, y bastante menos con su próstata. La mayoría recupera la micción al retirar la sonda con un alfabloqueante de apoyo. Pero aprovecho para estudiarles, porque esa retención a veces ha destapado una obstrucción que iba a dar la cara tarde o temprano.
Y hay un error que veo repetirse y que me gustaría ahorrar a quien lea esto: la vergüenza y la espera. Hombres que han pasado una noche entera con la vejiga llena, sudando de dolor, porque les daba apuro ir a urgencias «por no poder hacer pis» o porque esperaban que se pasara solo. No se pasa solo. Cuanto más tiempo está la vejiga sobredistendida, más le cuesta recuperar fuerza después, y más difícil es que la prueba sin sonda salga bien. Una sonda a tiempo es un minuto incómodo; una noche aguantando puede ser la diferencia entre volver a orinar por tu cuenta y necesitar una cirugía.
¿Has tenido una retención de orina o te cuesta cada vez más vaciar la vejiga?
El Dr. Nicolás Jorge le atiende en CAULP y Hospital San Roque, Las Palmas. Valoración de la causa, seguimiento tras la retirada de la sonda y plan para evitar que vuelva a ocurrir.
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